Constituir la otra Europa posible

La Unión Europea llega en crisis a las puertas del 60º aniversario del Tratado de Roma, el tratado que en 1957 dio lugar a la Comunidad Económica Europea y por consiguiente a la Unión Aduanera. En mayor o menor medida nadie duda de esta crisis, por eso el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker presentó hace 3 semanas el “Libro Blanco de la Comisión Europea”, un catálogo de 5 escenarios por donde la Unión Europea puede seguir dando pasos, aunque sean hacia “atrás”.

Publicado en El Correo edición papel

Los 5 escenarios recogen distintas opciones: desde la vuelta al mercado único hasta el avance hacia el federalismo europeo. Aunque la vuelta al mercado único queda prácticamente descartada, por primera vez en seis décadas del proyecto europeo que ha estado dominado por los poderes políticos, económicos y financieros para situarse en la vanguardia de la globalización capitalista, Bruselas pone sobre la mesa la opción de “retroceder”. El federalismo tampoco parece la opción favorita, lo que termina sentenciando el ambicioso plan con el que Juncker entró en la presidencia de la Comisión Europea. Es ya su tercer revés más importante, tras destaparse el #Luxleaks, los acuerdos que permitían pagar a las multinacionales bajos impuestos en Luxemburgo cuando era primer ministro y tras destaparse que la Comisión Europea estaba al corriente de la trama del #Dieselgate.

La opción más apoyada, y la que parece que saldrá en adelante en la cumbre de Roma de este 25 de Marzo tras publicarse el borrador de acuerdo que se alcanzó en el Consejo Europeo la semana pasada, será la de la Europa a varias velocidades. Una Europa según la cual varios países podrían avanzar en ciertas áreas sin que otros lo bloqueen. ¿Cuál es el punto prioritario de la Comisión Europea para los próximos años? Seguridad, inversión militar y avanzar hacia la consolidación de un ejército europeo ante la inestabilidad que Trump produce en el seno de la OTAN. Un avance hacia la militarización. Sin embargo el concepto de “Europa a varias velocidades” no es algo nuevo, sino que ya es un hecho desde hace tiempo. No solo porque existe la libre circulación Schengen y el Euro, proyectos en los que solo participan una parte de los Estados miembros, ni porque desde el Tratado de Ámsterdam (1997) se introdujera la cooperación reforzada (que en la práctica ha llegado a pocos y pequeños acuerdos entre grupos de países de la UE); sino porque las diferencias Centro-Periferia dentro de la UE son innegables: ni la crisis afectó de igual manera, ni la agenda de respuestas se ha aplicado con la misma contundencia.

Sería un error seguir cualquiera de las opciones que el Sr. Juncker nos propone, ¿por qué?. Porque tan sólo nos ofrece elegir cuantos pasos queremos dar hacia adelante o hacia atrás, pero siempre en el mismo camino. Y lo que necesitamos es un nuevo camino que no reproduzca las causas de esta crisis de la UE: austeridad, crisis de fronteras, deudas que el propio FMI ha declarado impagables, rescates de bancos en vez de personas, agenda de privatizaciones de servicios públicos (como los puertos griegos), techos de gasto que impiden inversiones públicas para relanzar las economías más afectadas por la recesión o acuerdos de libre comercio como el CETA que socavan la Democracia.

Porque al final son estas políticas las que están alimentando a las fuerzas de extrema derecha y los nacionalismos xenófobos; como el Brexit, Le Pen o el no victorioso Wilders en Holanda. Sin embargo, como ha dicho recientemente el periodista Isaías Lafuente: “En Europa estamos a un paso de alegrarnos de la victoria de la derecha extrema con tal de que no gane la extrema derecha”.

Frente a esta UE neoliberal tenemos que reforzar los lazos solidarios y de justicia de Europa, un sexto escenario. Un Plan B, si se me permite, alternativo al Plan A que ya conocemos. Si el Brexit ha sido una bofetada destituyente (no solidaria, ni que pondrá fin a la destrucción de los derechos sociales) tenemos la obligación de crear alternativas progresistas y populares en clave constituyente. En clave de, ante opciones binarias impuestas de “más Europa neoliberal versus Brexit”, formular cuestiones y proyectos que den otra posible vía, un sexto escenario como decía anteriormente.

Necesitamos más Europa frente a los repliegues identitarios y los nacionalismos xenófobos. Una Europa que audite las deudas ilegítimas y haga desaparecer los paraísos fiscales y que recupere la Democracia y la justicia social y ambiental. Que devuelva los derechos de los y las trabajadoras que desde la Troika se hicieron reducir y no sea una máquina de privatizar servicios, sino un espacio común donde se rescata gente y no bancos.

Una Europa de la que la gente pueda sentir que forma parte. ¿Quién querría ser parte de algo que deja familias enteras entre barro y nieve al otro lado de una valla? Necesitamos una Europa solidaria como la que las plataformas por las personas refugiadas como Ongi Etorri Errefuxiatuak nos demuestran que existe y que está en construcción. Esta es una tarea enorme, que no la va a hacer un eurodiputado desde su voto, ni un partido político solamente. Ni siquiera el Parlamento Europeo puede a día de hoy dado su escaso poder de decisión. Sino que es una tarea a construir entre todas las personas de la otra Europa que es posible, las personas que desde lo local y colectivo construyen esa alternativa. Es una tarea de los pueblos de Europa en su lucha por un futuro de derechos y Democracia.